A niveles bajos de escucha, al oído le cuesta mucho oír la frecuencias muy graves, y, en menor, medida, las agudas. A medida que vamos subiendo de nivel, las diferencias entre las diferentes frecuencias se igualan. Por así decirlo, la respuesta en frecuencia del oído es más "plana" a niveles altos que a niveles bajos. Por ejemplo, una senoidal de 50 Hz y 60 dB SPL se percibirá como unos 20 dB más baja de nivel que una senoidal de 1000 Hz y 60 dB SPL. Sin embargo, una senoidal de 50 Hz y 100 dB SPL sólo se percibirá como unos 10 dB más baja que una senoidal de 1000 Hz y 100 dB SPL.
El fenómeno psicoacústico de la diferente sensibilidad del oído a diferentes frecuencias, y la variación de esa "respuesta en frecuencia" (realmente los contornos son casi como las curvas de respuesta en frecuencia puestas al revés) a medida que van cambiando los niveles de escucha fue cuantificado de forma exhaustiva por primera vez por los investigadores Fletcher & Munson en los años treinta del siglo pasado. Por eso a este tipo de curvas se les llama comúnmente contornos de Fletcher & Munson, aunque hoy en día suelen utilizarse contornos más exactos medidos con posterioridad, como pueden ser los de Robertson & Dadson (en los que se basa el gráfico), o bien los contornos estandarizados ISO.
En curvas de este tipo se basan las ponderaciones (weightings) A, B y C, que se corresponden con niveles bajo, medio y alto, respectivamente, de presión sonora, y se utilizan para que los sonómetros puedan interpretar las lecturas de presión sonora de forma semejante a como lo hacen los humanos.



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